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Papá, papá e hijas*


  • La realidad de las familias homoparentales
  • Christian Rea Tizcareño
    Familia Pérez-Ortiz u Ortiz-Pérez. Foto: Flor de María Cordero
    México DF, agosto 09 de 2010.
    La Suprema Corte de Justicia de la Nación delibera sobre la constitucionalidad del matrimonio universal. Mientras organizaciones a favor y en contra cabildean con las y los ministros, familias como la de Pablo y Emilio se conforman y se desarrollan. El suyo es sólo uno de los cientos, miles de hogares donde dos personas homosexuales cuidan de sus hijos, sorteando los prejuicios sociales e inculcando en los menores el respeto por la diversidad.
     
    La familia Pérez-Ortiz u Ortiz-Pérez se va de vacaciones a la playa. Papá Pablo y papá Emilio quieren divertirse con sus tres hijas: Yolotzin, de 11, Malinalli, de 13, y Citlalli, la mayor, quien al regreso celebrará sus 15 años con vals, pastel, banquete, chambelanes y un vestido fiusha con blanco, justo cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación debate la constitucionalidad del matrimonio universal y el derecho de las parejas lésbico-gay a adoptar infantes.
     
    Antes de entrar al hogar homoparental, una polifonía de saludos detiene los pasos del dueño de la casa. “¿Ya Don Pablo? ¿Ya estuvo? ¡Órale! Luego lo veo”. Es una morada iluminada de ocres donde viven las tres adolescentes y los dos hombres, quienes llevan más de dos décadas juntos, a contracorriente de las voces de familiares que vaticinaron: “los va a castigar Dios porque están en pecado”.
     
    Pero la teología de esta familia no se funda en la existencia de un ser supremo punitivo, sino de una energía omnipresente donde no hay dogma ni se adoran imágenes. “De por sí la vida de Jesús fue difícil como para tener todavía al Cristo ensangrentado en la recámara”, comenta Pablo. Cada quien tiene la libertad de decidir si pertenece o no a una religión determinada.
     
    ¿Sexualidad? Ni el mito de la cigüeña ni el de la “pancita donde sembraron una semilla, y nació una plantita y de ahí saliste tú como Almendrita. ¡A las cosas por su nombre!”, sentencia Pablo. No obstante, Citlalli fue discriminada en la secundaria por esta educación que recibió de sus padres. La directora de la escuela, miss Lolita, acusó a la adolescente de estar embarazada, tan sólo por la “forma muy abierta de hablar” de la alumna, quien no esconde en el armario su orgullo de tener “dos papás gays”.
     
    ¿Y la mamá?, recientemente interrogó el representante del Censo de Población y Vivienda 2010. “Papá y papá”, reafirmó Emilio al entrevistador, a quien inicialmente “le costó trabajo” registrar en el formulario a la familia homoparental. Tuvo que romper sus esquemas preconcebidos para proseguir el cuestionario. El arquitecto de 55 años se ríe de su anécdota con el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática.
     
    En términos biológicos, la progenitora es la hermana de Pablo. También es la madre legal y no deja de frecuentarlos. “Citli”, como le dicen de cariño, llegó a los brazos de la pareja gay cuando era una bebé. Luego arribaron las demás. La abuela Paula murió hace un año en su natal Huauchinango, Puebla. Jamás abordaron con ella el tema de la homosexualidad. Sin embargo, no fue necesario, pues cada que iban a visitarla, la señora acondicionaba de facto una recámara matrimonial para Emilio y su Pablo. “¡Échale ganas hijo, tú puedes, educa a esas niñas, ve siempre pa’delante!”
     
    Emilio Pérez y Pablo Ortiz celebran que la ciudad de México sea la urbe pionera de América Latina en legalizar los matrimonios del mismo sexo y que Argentina se haya convertido en el primer país de la región en reconocer este derecho humano en todo su territorio, el 15 de julio pasado. Coinciden en que es un debate global motivado por una realidad preexistente, no una moda como sostienen los detractores.
     
    Resoluciones judiciales a favor de las familias homoparentales
     
    En otros puntos del planeta, familias como los Ortiz-Pérez han luchado por ser reconocidas jurídicamente. En Chile, por ejemplo, la jueza lesbiana Karen Atala inició el 31 de mayo de 2004 una batalla después de que la Cuarta Sala de la Corte Suprema de Justicia de esa nación sudamericana resolviera quitarle la tuición de sus tres hijas por ser homosexual. El tribunal le dio la razón al padre de las infantes, quien “destacaba el riesgo de las niñas de contraer enfermedades de transmisión sexual como herpes y sida”. El caso llegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde se dictaminó, a principios de 2010, que el Estado violó las garantías de la madre. El organismo llamó al país andino a adoptar “legislación, políticas públicas, programas y directivas para prohibir y erradicar la discriminación con base en la orientación sexual”.
     
    También en Chile, el 15 de julio pasado, la Corte de Apelaciones de Santiago revocó una sentencia del Primer Juzgado de Familia, que negaba a Elías Bermúdez Garrido el derecho a ejercer la tutela de su sobrino. El argumento: ser gay. La madre del infante de tres años quedó inhabilitada para la crianza por padecer esquizofrenia. Al final, el tribunal inclinó la balanza a favor del tío, en congruencia con la Ley 19.620, donde se establece que la adopción debe “velar por el interés superior del niño y amparar el derecho a vivir y desarrollarse en el seno de una familia que le brinde afecto”.
     
    Antes de aprobarse el matrimonio sin discriminación en Argentina, diversas parejas homosexuales ganaron demandas judiciales en pro de sus familias. Uno de esos triunfos es el fallo de la jueza Elena Liberatori en 2009, en el cual se obligó a la Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires a solventar económicamente la fertilización asistida de un hogar lésbico. Asimismo, en el vecino Brasil, el Supremo Tribunal de Justicia reconoció en este año el derecho de adopción a dos mujeres, pues las personas no heterosexuales “merecen un tratamiento digno e igualitario en tanto sus uniones consisten en el amor, en el respeto mutuo y el afecto”.
     
    En México está el caso de Alondra Ávila Bélez, a quien por ser transexual el Consejo Estatal de Familia de Jalisco le sustrajo a Rosa Isela Jiménez Hernández, niña que protegió y educó luego del abandono de su progenitora, a las dos semanas de nacida. El 28 de octubre de 2008, el Juzgado Séptimo de lo Familiar le dio la “custodia provisional” a la madre de crianza, en virtud de que “su condición de preferencia sexual no le impide ejercer su capacidad de amar y respetar a los demás... cuenta con total capacidad para cuidar de la menor”.
     
    Modelo familiar calderonista, anquilosado al siglo XIX: jurista
     
    La oposición del gobierno de Felipe Calderón a los matrimonios del mismo sexo y la adopción homoparental, manifestada en la acción de inconstitucionalidad 2/2010, interpuesta por la Procuraduría General de la República el 27 de enero pasado, “¡es una barbaridad!” Muestra que el “inconsciente” del Ejecutivo federal está anquilosado al Derecho mexicano del siglo XIX, toda vez que va en sentido contrario a los principios constitucionales vigentes en las democracias modernas, dice en entrevista José Luis Caballero Ochoa, investigador de la Universidad Iberoamericana.
     
    De acuerdo con el doctor en derecho, el proyecto del ministro ponente Sergio Valls, a favor de las uniones homosexuales y la adopción, se construye sobre la base de la igualdad. Por el contrario, “la intentona” del procurador Arturo Chávez Chávez de restringir garantías, no cumple con los estándares jurídicos internacionales: justificación clara, objetiva, razonable y proporcional.
     
    El especialista critica que la Procuraduría vea la orientación sexual de la gente como una “categoría sospechosa”. El principio del interés superior del niño debe ser acreditado de forma igualitaria en hogares homosexuales, heterosexuales y modelos donde sólo hay un padre o una madre. Según cada caso, el juez decidirá si los aspirantes a adoptar cumplen o no con la idoneidad de brindar cariño, protección y sustento económico a los menores de 18 años de edad.
     
    “Manteles largos”
     
    Para sus 15, Citlalli ensayó bailes polinesios y un remix de hip-hop con reggaeton. “Vamos a estar de manteles largos”, expresa Pablo, quien a veces le comenta a su retoño: “¡mi amor, hasta parece que naciste de mi huevo!” Emilio completa la frase: “son unas gotitas, igual de corajudos, igual de mil cosas”. La joven reconoce que los dos “tienen su carácter” e incluso le “espantan a los novios un poquito”, pero también son consentidores.
     
    El debate de la Corte no les es ajeno. Pablo confía en la laicidad del Estado. Los ministros “no van a inventar el hilo negro”. Emilio cambia el dicho popular “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, por “detrás de mí hay alguien muy grande (sin género)”. Citlalli cuestiona: “¿y dónde va a salir la entrevista?” Los reporteros siempre le preguntan si le gustaría tener una mamá. “Pero yo les digo que así me siento a gusto. Hay personas con tan poco criterio. Si una familia bien, entre comillas, abandona a los niños, ¿por qué las familias diversas no pueden adoptarlos?”
     
    Citlalli, lugar de las estrellas. Malinalli, hierba. Yolotzin, corazón. Nombres náhuatl invocados por papá y papá. A la quinceañera le encantaría ser diseñadora gráfica. También le fascina el color morado, Lady Gaga y la sopa de fideo de Pablo. Él dice que su especialidad es la tarta de manzana, con la cual piensa consentir a sus futuros nietos. A la hermana de en medio le agrada estudiar y las enchiladas, además sueña con ser sobrecargo o dueña de bancos, y a la menor, de gastronomía heterogénea, le gustaría dedicarse al estilismo. “Sé lo que quieras ser hija pero sé feliz, sé la mejor”, esa es y será la misma respuesta para las tres.
     
    *Publicado en el número 169 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el jueves 5 de agosto de 2010

    Suplemento Letra S

    No. 218 | septiembre 04 de 2014
    Ellas saltan a la cancha. El deporte ha jugado un papel histórico en la conformación de la identidad masculina. Desde la antigua Grecia hasta los actuales torneos mundiales de futbol, miles de hombres reclaman como suyo ese ámbito.
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