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Lol-Kin y Judith. Una historia de amor cerca de la cima


Leonardo Bastida Aguilar
Lol Kin y Judith aún tienen retos para lograr mayor justicia social. Foto: Leonardo Bastida A.
México DF, marzo 03 de 2010.
Imaginar juntas una sociedad distinta fue la idea que unió hace seis años a Lol-Kin Castañeda y Judith Vázquez, activistas del movimiento de la diversidad sexual de la Ciudad de México. Horizontes en común como construir la justicia, la libertad y el amor fueron los elementos que les permitieron decidir hacer una vida en conjunto.
 
La construcción de un hogar, compartir una actividad comercial para subsistir, apoyarse mutuamente en sus estudios académicos, entre otras cosas, les ha permitido descubrir y convencerse de que su lucha contra la discriminación, tanto en el ámbito político como en la vida cotidiana, es uno de sus pilares como pareja y seres humanos.
 
La vida en común de Lol-Kin y Judith gira en torno a la lucha de los derechos de las personas homosexuales. Se conocieron en el año 2001 durante los debates de la Ley de Sociedades de Convivencia en la Ciudad de México. Lol-Kin era asesora de la Comisión de Derechos Humanos en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, en tanto que Judith pertenecía a un grupo de la pastoral de la diversidad sexual.
 
En ese momento ambas experimentaron un cambio en sus perspectivas de vida. Lol-Kin se acercó a conocer a fondo la realidad de los grupos del movimiento lésbico, gay, transexual y bisexual, la cual, aclara, no había sido la suya como lesbiana.
 
“Lol me ayudó a cambiar mi vida” señala Judith al recordar que su formación académica en la teología estaba inserta en un mundo machista y misógino donde la mujer no tiene voz.
 
“Descubro que vivía en el clóset a pesar de gritar a los cuatro vientos que era lesbiana. Jamás había mostrado mi forma de vida. Nunca había vivido una relación con manifestaciones públicas de afecto sin ningún prejuicio”, recuerda la teóloga con una sonrisa de satisfacción dibujada en su rostro.
 
Durante la charla con esta agencia, Judith toma la mano de Lol y sigue: “Ella me decía que tenía derecho como las personas heterosexuales a caminar por la calle tomada de la mano de la persona a la que yo amara y manifestarle mi amor”.
 
Así, Judith decidió vivir con Lol-Kin, instalar una planta purificadora de agua, y sumarse al activismo desde su propio punto de vista, el teológico. Está convencida de que los cambios sociales en materia de diversidad sexual sólo serán posibles siempre y cuando gays y lesbianas visibilicen su amor.
 
“¿Cuándo vamos a transformar a la sociedad si las manifestaciones de afecto las hacemos encerradas en la casa detrás de una pared donde nadie te mira?”, se preguntaba.
 
Por su parte, Lol tenía el apoyo de su familia y estaba convencida de querer mostrar sin tapujos sus afectos a la persona que amara en cualquier momento y lugar. “Se trata de ser feliz sin tener algo que ocultar. No hay razón para ello. No hay razón para avergonzarnos”.
 
De manera voluntaria, se sumaron a la organización de las Marchas del Orgullo Gay en la Ciudad de México. A partir de ese momento no cesaron en la lucha por el reconocimiento de sus derechos sociales.
 
Observaban que la Ley de Sociedades de Convivencia representaba un gran avance en la materia. Ellas fueron la primera pareja en hacer una unión en la delegación Tlalpan. Sin embargo, el reconocimiento pleno de los derechos de las personas homosexuales no se había consumado.
 
A partir de ese momento sus esfuerzos se enfocaron a la lucha por reformar el Código Civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Lol sonríe, “se logró el 29 de diciembre de 2009”, cuando la reforma apareció publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal.
 
Cocinar, andar en bicicleta, leer, cuidar plantas cactáceas, hacer reuniones, jugar con sus mascotas y soñar juntas, son los placeres de la vida que ambas gozan porque comparten lo que son, afirman.
 
“El activismo es algo de mucha soledad por todos los golpes duros que vienen. Me gusta que haya cuestionamientos pero a estos debe seguir una lucha en conjunto”, indica Lol-Kin quien advierte que el apoyo mutuo ha sido fundamental para no cesar en esta batalla en todos sus ámbitos.
 
La vida para ellas se complementa cuando una a otra se fortalece. Su manera de vivir gira en torno a tres principios: respetar, acordar y decidir de manera conjunta. Cuando dicen esto, con fuerza se toman la mano y sus miradas se entrecruzan.
 
Mañana 4 de marzo iniciarán una nueva etapa en sus vidas. Sus convicciones les han llevado a decidir ser una de las primeras parejas del mismo sexo que registrarán su solicitud de matrimonio ante el Registro Civil del Distrito Federal.
 
“Vemos la cima muy cerca de donde estamos, con una cuesta arriba, conquistando lo que anhelabas pero queda claro que al momento de llegar tienes que guardar energía para poder bajar a salvo”, menciona Judith mientras Lol contesta una de las decenas de llamadas telefónicas que recibe en su teléfono celular. Su vida se ha transformado. La llegada a la cima se aproxima.
 
Judith y Lol son conscientes de las transformaciones de su vida y la sociedad en general. Cada vez es más fácil hablar de las minorías sexuales en el marco del respeto a sus derechos. Algo que en su juventud era difícil de pensar. Satisfechas y con una larga lista de pendientes como garantizar los derechos que les brinda la forma jurídica del matrimonio, reflexionan entre miradas y sonrisas cómplices.  “Soñamos con reinventarnos”.
 
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