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La ultraderecha ha institucionalizado la violencia: activistas


  • La derecha mexicana es homofóbica y misógina, exponen
  • Christian Rea Tizcareño-enviado
    Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, noviembre 27 de 2009.
    Las leyes antiaborto aprobadas en 17 entidades de la República bajo el argumento de defender al “huevo fecundado” sobre los derechos de las mujeres, así como la reciente quema de libros de texto que abordan la educación sexual en el estado de Guanajuato, constituyen ejemplos de cómo la ultraderecha ha institucionalizado la violencia, señaló Adela Muñiz, de la organización civil Equidad de Género.
     
    En la mesa de trabajo titulada “Políticas adversas”, del Tercer Foro de Organizaciones de la Sociedad Civil con Trabajo en VIH/sida, la activista comentó que el proyecto de la ultraderecha quiere convertir a las y los mexicanos en “soldaditos de plomo”.
     
    De acuerdo con Muñiz, la ultraderecha mexicana no sólo está hoy en la jerarquía de la Iglesia católica, el Partido Acción Nacional (PAN) y grupos conservadores como Pro Vida. En la ofensiva contra la interrupción legal del embarazo se ha sumado el Partido Revolucionario Institucional (PRI), aún en contra de su plataforma política, ejemplificó.
     
    Para la coordinadora del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos de Equidad de Género, defender la vida desde la concepción no sólo significa prohibir el aborto, sino la píldora anticonceptiva de emergencia y el dispositivo intrauterino.
     
    Cada vez que hay elecciones, los grupos de derecha se organizan y diseñan estrategias comunes. “Mapean” todos los distritos del país, o del estado donde se efectúan los comicios, para identificar a los candidatos afines a sus intereses y a los adversarios. Entonces, llaman a sus “borregos” a votar y realizan maniobras de desprestigio contra quienes enarbolan propuestas políticas a favor de la interrupción del embarazo, las uniones legales del mismo sexo, los métodos anticonceptivos y el condón, expuso.
     
    En este contexto, es fundamental que las organizaciones en pro de los derechos sexuales y reproductivos diseñen estrategias comunes para detener los “retrocesos” impulsados por las fuerzas conservadoras, consideró.
     
    También es indispensable contar con aliados que compartan la agenda de derechos humanos, aunque éstos no formen parte del movimiento de lucha contra el sida, opinó.
     
    “Si la clase política no está funcionando”, mencionó, hay que erradicar la idea de votar por el “cuate” o “el más guapo” y buscar la ciudadanización de los Poderes de la Unión.
     
    A su vez, Arturo Díaz Betancourt, de Letra S, dijo que la homofobia es el “perro guardián de la inequidad de género”. Es el “dóberman” de la cultura heterosexista, es decir, el sistema donde se reduce a las personas a la reproducción.
     
    La homofobia, desarrolló el activista, ataca lo que se relaciona a las mujeres y lo que rompe con la hegemonía de los hombres. En esta lógica se ubica la derecha, pues considera a las personas homosexuales como seres inferiores, en tanto traicionan el poder masculino.
     
    En México, la clase política, además de contar con el “desprecio” de la sociedad civil, no ha asumido el tema de los derechos sexuales y reproductivos. El PRI y el Partido de la Revolución Democrática, por ejemplo, han sido incapaces de ser la fuerza socialdemócrata que revolucione al país, criticó.
     
    Invitó a los activistas a asumir la ciudadanía sexual, documentar las violaciones a los derechos humanos, defender la diversidad, ocupar espacios de participación, exigir el cumplimiento de las leyes y pedirle cuentas a la clase política.
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