Por la publicación del libro Iglesia Católica y homosexualidad, el sacerdote yucateco Raúl Lugo Rodríguez enfrenta un juicio doctrinal ante las autoridades eclesiásticas. El texto publicado en 2006 por la editorial Nueva Utopía, sostiene que “no encontramos ningún texto evangélico y ninguna referencia en la praxis de Jesús que lo muestre condenando la homosexualidad”.
Tras analizar la obra, el Vaticano mandó al presbítero un mensaje escrito con carácter “confidencial”, el cual pasó por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y la Arquidiócesis de Yucatán. En el documento, del cual NotieSe tiene una copia, la jerarquía católica exige detener la difusión del libro porque contiene “graves errores” que contrarían la doctrina oficial de la Iglesia. Asimismo, le pide al padre Lugo que se abstenga de publicar o enseñar sobre homosexualidad hasta que finalice el proceso en su contra.
En el libro enjuiciado, el autor critica la “Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales”, emitida en 1986 –durante el pontificado de Juan Pablo II– por la Congregación para la Doctrina de la Fe, cuyo secretario era el entonces cardenal alemán Joseph Ratzinger. Lugo sostiene que se trata del “documento eclesial más duro”, conservador y “miope”, pues califica a la práctica erótico-afectiva hacia el mismo sexo como “mala”, “desordenada” y “caracterizada por la autocomplacencia”.
Después de proponer abrir el debate sobre la homosexualidad al interior de la Iglesia, Lugo les dice a sus colegas y a sus superiores que la homofobia no es una respuesta acorde a las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Cómo la jerarquía puede hacer válida su defensa contra la discriminación, si al mismo tiempo manifiesta que quienes no son heterosexuales "amenazan seriamente la vida y el bienestar de un gran número de personas”, cuestiona.
De acuerdo con el también licenciado en Sagradas Escrituras, la Biblia no debe ser usada para condenar, justificar, denigrar, humillar u ofender, sino para mostrar “la alianza de Dios con su pueblo en el Antiguo Testamento y el advenimiento del reino de Dios en el Nuevo Testamento”.
También explica que no se deben interpretar los libros de la Biblia sin hermenéutica, o sea, no se puede eludir el contexto histórico-social en el cual fueron escritos. De lo contrario, se suele caer en la “enfermedad” llamada “fundamentalismo”.
Para el autor, gran parte de los elementos actuales de la moral sexual católica no tienen su origen en la Biblia, sino en otras corrientes de pensamiento, como la mentalidad de oriente y la “teología pesimista agustiniana”.
La Iglesia católica ha rectificado sus posiciones ideológicas a lo largo de la historia. En otras palabras, se ha desdicho de posturas que no corresponden a la “revelación divina”. En otros tiempos, la jerarquía eclesiástica consideraba que la monarquía era “ley natural” y condenaba el surgimiento de la democracia y la república, ejemplifica.
El Jesucristo que dibuja Lugo es un hombre lleno de pasión, opuesto a la mentalidad religiosa de su época, incluyente, misericordioso, sensible ante el sufrimiento de los demás, compasivo, polémico y revolucionario. Le dio muy poca importancia al tema de la sexualidad. Solamente se mostró intransigente ante “la hipocresía y la manipulación de la religión”.
La Iglesia debe de “abrir los brazos” a los homosexuales y las lesbianas, ya que los principales enemigos de Jesús fueron los discriminadores, o sea, los fariseos. “Dios nos ama a todos y todas sin distinción y nos llama a vivir de acuerdo a la dignidad de hijos e hijas suyas”.
Según el presbítero yucateco, la Iglesia tiene tres “lacras”: pensar que la sexualidad es “pecaminosa” y que se ejerce exclusivamente para la procreación, así como asociar al placer con la culpa. Estas posturas colocan al ser humano sólo en el plano del instinto, de la mera genitalidad.
Iglesia Católica y homosexualidad –editado en Madrid, España– insta a la cúpula eclesial y a la grey a no permanecer silentes ante los crímenes homofóbicos o a las actitudes farisaicas, llama a bendecir las uniones del mismo sexo y a ver a la sexualidad como un don divino.
“No es la orientación sexual el criterio por el que se juzgará a la persona, según el maestro de Nazaret, sino su capacidad de ponerse al servicio de la felicidad de los demás, especialmente de los más necesitados”, remarca Lugo en su libro.