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Fundamentalismo religioso y Derechos Humanos en México


Judith M. Vázquez Arreola
diciembre 15 de 2008.
El 7 de noviembre de 1945 México ingresó a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General aprobó la Declaración de los Derechos Humanos[1] como resultado de la urgente necesidad de emprender acciones efectivas que garantizaran la paz y el respeto entre la humanidad y las Naciones, después del Holocausto de la II Guerra Mundial.
 
En nuestro país a partir de la lucha de poderes entre liberales y conservadores se establece el Estado laico, libre y soberano que plantea un panorama de derechos constitucionales al margen de la Iglesia Católica Romana, que se estableció en América tras la conquista española y que jugó un papel importante en México luego de los movimientos armados de liberación.
 
Actualmente y después de tantas batallas defendiendo nuestra soberanía y libertad, nos preguntamos ¿cómo puede ser en un Estado que Constitucionalmente se define como Laico que los fundamentalismos religiosos obstaculicen la lucha por el reconocimiento y respeto de los Derechos Humanos y civiles de los hombres y las mujeres? La religión Católica Romana en México ha sido un elemento de coerción que ha intervenido de manera abierta en las políticas públicas, deteniendo el avance democrático del país en aras de defender los intereses de esa institución por medio de los prelados de su iglesia. Cabe preguntarnos ¿qué papel juega la Secretaría de Gobernación cuando es urgente cumplir las leyes vigentes en materia de Instituciones Religiosas y no se cumplen?¿En dónde colocamos el encargo constitucional de velar por el respeto irrestricto de un Estado Laico cuando escuchamos en los diferentes órganos gubernamentales, argumentos religiosos y morales por encima de los derechos ciudadanos?¿En dónde quedan las firmas de los diversos Tratados, Convenciones y Declaraciones en materia de Derechos Humanos cuando el Estado legitima las prácticas religiosas y acciones gubernamentales que atropellan la dignidad de las personas y legitiman la discriminación como prácticas cotidianas que responden a las “buenas costumbres” y el “bien común”?
 
La cosmovisión religiosa ha deformado el concepto de Derechos Humanos, ya que para la iglesia romana "los derechos humanos se basan en la ley natural,(desde su concepción dogmática de  realidad) una ley que está inscrita en el corazón del hombre, en las diferentes culturas y civilizaciones". Afirma el Arzobispo primado de Perú que:"Todo hombre recibe los derechos humanos por naturaleza, por el hecho de ser persona, porque están en nuestra propia identidad; y no los da las Naciones Unidas, ni una ley o una ONG";[2] es decir que desconocen y rechazan la Declaración de los Derechos Humanos por no coincidir con sus conceptos y doctrinas, lo cual coloca al Vaticano al margen de las decisiones y acciones universales a favor de la defensa y promoción de los Derechos Humanos.
 
Para esta religión la “ley natural” es un concepto imaginario impreso en algún sitio, el cual pretende sostener un “orden divino” que no debe alterarse y mucho menos quebrantarse so pena de excomunión o perdida absoluta de la promesa de vida eterna. El grupo “elegido” para su administración, son únicamente hombres llamados al servicio de dios creador y dueño de todo cuanto existe; dejando fuera a las mujeres, por ser para la Institución, el hombre el legítimamente “poderoso” en su sistema de administración patriarcal que coloca a la mujer como objeto de dominio de los varones.
 
En la definición de los Derechos Humanos Universales de la ONU existe un principio fundamental de igualdad entre hombres y mujeres, señalando que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros; definición que contrapone la concepción de la iglesia romana de sello patriarcal y androcéntrico.
 
Partiendo de ésta diferencia sustancial entre una concepción religiosa y la “CONCEPCION UNIVERSAL” sobre el tema de los Derechos Humanos, encontramos urgente implementar acciones efectivas que defiendan, promuevan, respeten e Instituyan a los derechos humanos definidos por las Naciones Unidas en 1948, como un Bien mayor por el cual dar la batalla contra los fundamentalismos religiosos que sesgan y deforman la realidad, alentando el desprecio de unos por los otros bajo el supuesto “orden natural” y con la amenaza constante de la expulsión de la iglesia.
 
En México la construcción democrática no puede ni debe detenerse; la defensa por el Estado Laico es urgente dados los ataques frontales de los extremismos religiosos disfrazados de Gobiernos e Instituciones. El reconocimiento y respeto de la diversidad sexual, cultural y social serán un buen principio que contribuya a la consolidación de nuestra Democracia bajo el principio de la pluralidad.
 
Ha llegado el momento de levantar la voz y denunciar con mayor rigor a todas aquellas instituciones religiosas y/o civiles que promueven la cultural del odio, disfrazando sus discursos y descalificando a la diversidad en su conjunto, bajo el supuesto homogéneo que no existe mas que en la imaginación; desconocer y descalificar nuestras diferencias solo nos divide y fracciones y no nos deja avanzar como humanidad.
 
La defensa de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, puede ser la única esperanza real que garantice la igualdad entre los pueblos, las personas y las Naciones. Es aun mayor la urgencia de la sociedad en general por defender la libertad personal y el libre ejercicio de nuestros derechos elementales civiles y humanos sin amenazas morales sustentadas en documentos dogmáticos con validez únicamente para quienes profesar cierto credo religioso.
 
Los únicos garantes con los que cuenta hoy por hoy la humanidad son todos aquellos Tratados, Convenciones y Declaraciones en materia de Igualdad y Derechos Humanos que comprometen y obligan a los Gobiernos a observar y defender a todas y todos los ciudadanos sin distinción de raza, color, religión, orientación o preferencia sexual y no estará ninguna religión o ideología por encima de los Derechos Constitucionales de todas y todos los ciudadanos.
 
Ningún Estado-iglesia puede o debe entrometerse en los asuntos que solo le competen a los ciudadanos y sus gobiernos; ninguna ideología estará por encima de los derechos humanos y civiles de las personas, por antigua que esta sea; nunca más debemos permitir un Holocausto contra ningún ser humano fundamentado en poderes divinos o naturales; no mas totalitarismos de ninguna especie, ni religiosos ni gubernamentales que pisoteen y asesinen la dignidad de ningún semejante en ninguna parte del mundo.
 
Hoy celebramos 60 años de haber unido nuestros corazones en la defensa de toda la humanidad, y quienes no firman la Declaración de los Derechos Humanos hasta el día de hoy deben ser denunciados y señalados como los responsables del difícil caminar de la humanidad hacia un mundo mas equitativo, solidario y humano en éste siglo; la descalificación y el desprecio por los acuerdos internacionales a los que han llegado casi todas las Naciones del mundo no pueden ser anulados de un plumazo por ninguna religión, por poderosa y extendida que esta sea.
 
Nunca mas un mundo de exclusión, división y muerte para ningún ser humano; nunca mas un pensamiento totalitario y enajenante. Nunca más una religión que excluya y margine a ningún ser humano; y nunca mas un Estado que permita que las iglesias atropellen la dignidad de las mujeres y los niños en ningún país o Estado.
 
* Teóloga por la Universidad Iberoamericana
Lesbiana Feminista de la Liberación.
Para leer más escritos de la autora en: http://conciudadana.blogspot.com/

Suplemento Letra S

No. 220 | noviembre 06 de 2014
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