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OpiniónLévi-Strauss y el matrimonio homosexualÓscar Salvador
![]() Claude Lévi Strauss.
México DF,
noviembre 20 de 2009.
El pasado 30 de octubre murió Claude Lévi-Strauss. El 28 de noviembre cumpliría 101 años.
Alrededor del mundo es recordado por sus aportaciones teóricas a las ciencias sociales con base en el estructuralismo, mismo que descubrió, sin saberlo, recostado en la hierba y mirando una flor diente de león.
Era 1939. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial lo reclutaron como agente de enlace y lo enviaron a la línea Maginot, en la frontera Bélgica-Luxemburgo. Lévi-Strauss ha contado que mientras veía al diente de león comenzó a pensar “en las leyes de organización que debían gobernar una articulación tan compleja, tan armoniosa y sutil como la que estaba observando y de la que no podía imaginar que fuera el resultado de una serie de azares acumulados”.
Así, la obra intelectual del antropólogo francés comenzó a dilucidar las reglas que las culturas establecían para organizar la vida cotidiana: los mitos, costumbres, lenguas, artes y las relaciones de parentesco.
Es precisamente este último tema donde las aportaciones de Lévi-Strauss han sido fundamentales para desmitificar conceptos tan graves como “el fenómeno de la familia nuclear es universal”.
Ahora, en el Distrito Federal se discute el proyecto de ley para reformar el artículo 146 del Código Civil, y así cambiar la leyenda “el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer” por la de “el matrimonio es la unión entre dos personas”[1]. De nuevo, los grupos de la derecha y la ultraderecha se oponen a “toda ley que atente contra la familia”. La familia, así, es entendida como hombre-mujer-descendencia. En realidad, las revisiones que la antropología social en general ha hecho de diversas culturas, demuestran una gran variedad de arreglos familiares. Debido a esto, Lévi-Strauss decidió llegar a una conclusión fundamental: el fenómeno de la familia nuclear no es universal.
Respecto al matrimonio (entendido como la unión entre un hombre y una mujer), Lévi-Strauss demostró que tampoco es universal, aunque puso énfasis en el hecho de que las sociedades poseen algún sistema para distinguir entre las uniones libres y las uniones legítimas.
Al autor le llamó la atención que la familia “nuclear”, conyugal (a la cual él prefiere llamar restringida), formada por un hombre, una mujer y los hijos/as, goce de reconocimiento legal en algunas sociedades y en otras no. Con diversos ejemplos expuso que esta estructura básica sólo es necesaria para la reproducción de la especie, pero que cada cultura decide si los progenitores serán o no los padres socialmente reconocidos. Bajo este esquema, entonces, también hay una gran diversidad en los arreglos matrimoniales, los cuales responden a factores sociales, económicos y sicológicos.
En el libro Polémica sobre el origen y la universalidad de la familia (Anagrama, 1974), escribió: “La sociedad pertenece al reino de la cultura, mientras que la familia es la emanación, al nivel social, de aquellos requisitos naturales sin los cuales no podría existir la sociedad y, en consecuencia, tampoco la humanidad”.
Implícitamente, el autor expresó que la diferencia sexual siempre será obligatoria para la procreación (la unión, básicamente, de un óvulo y un espermatozoide) y que, al mismo tiempo, los participantes en ésta no necesariamente tendrán que formar una familia con domesticidad común. Lévi-Strauss aseguró que, aun cuando la diferencia sexual parece necesaria para el matrimonio y el establecimiento de una familia, algunas culturas ven en las parejas del mismo sexo una de las muchas posibilidades para la crianza de los niños o las niñas. En la Polémica… también dijo:
“...en algunos lugares de África ciertas mujeres de rango elevado estaban autorizadas a casarse con otras mujeres que, mediante el uso de amantes varones no reconocidos les darían hijos(as); la mujer noble se convertía en el ‘padre’ de los hijos(as) de su ‘esposa’ y transmitía a éstos, de acuerdo con el derecho paterno vigente, su propio nombre, su estatus y su riqueza”.
El establecimiento de una familia y de las relaciones de parentesco está relacionado principalmente con la reproducción de la sociedad. Así, la familia, en la teoría y en la realidad, no debería ser un concepto cerrado: Lévi-Strauss dio las herramientas teóricas fundamentales para deshacer la concepción de la familia como un fenómeno universal.
Estructuralmente, además de la unión entre un hombre y una mujer, puede presenciarse la unión entre dos varones o entre dos mujeres. El problema, diría Lévi-Strauss, es que estas dos últimas no están legitimadas por el Estado, la religión, la escuela y las leyes.
Para construir las sociedades se necesita de reglas que permitan su funcionamiento y su reproducción. Lévi-Strauss afirmó en varias ocasiones que los tres pilares básicos de cada sociedad son la prohibición del incesto, el reparto sexual de las tareas y una forma reconocida de unión sexual. Françoise Héritier, discípula del antropólogo francés, agregó un cuarto elemento, implícito ya en los tres pilares anteriores: la valencia diferencial de los sexos, es decir, cómo se articula lo masculino y lo femenino en los mecanismos simbólicos con que cada cultura da significado a su existencia. En Masculino/Femenino I. El pensamiento de la diferencia (Ariel, 1996), Héritier escribía:
“Estos datos están en el origen de las categorías cognitivas: operaciones de clasificación, jerarquización, estructuras en las cuales lo masculino y lo femenino se encuentran encerrados. Estas categorías cognitivas, cualquiera que sea su contenido cognitivo en cada cultura, son extraordinariamente duraderas, puesto que son transmisibles y se inculcan muy pronto por la educación y el entorno cultural, y se perpetúan a través de todos los mensajes y señales explícitos e implícitos de lo cotidiano”.
En la mayoría de las sociedades occidentales, las uniones heterosexuales son las únicas legitimadas porque pueden implicar reproducción, descendencia[2]. En el Distrito Federal, las alianzas homosexuales son simbolizadas como estériles y se les niega el derecho a la reproducción, aun cuando gays y lesbianas también acceden a la filiación de diversas formas.
En la Ciudad de México hay básicamente dos mecanismos de prestigio[3]: hombre-masculino-heterosexual; mujer-femenina-heterosexual. Aquellas personas que no cumplan con estas estructuras se convierten en los opuestos indeseados, en la otredad inferior. Es decir, los sistemas de clasificación binaria implican siempre jerarquizaciones: lo masculino es superior a lo femenino, lo frío a lo caliente, lo heterosexual a lo lésbico-gay. Nosotras, nosotros, vivimos todavía arraigadamente bajo la clasificación binaria.
Las familias con base heterosexual (restringidas, principalmente) son consideradas por las leyes en la Ciudad de México, como las más aptas para reproducir lo social y construir las identidades de las personas porque cumplen con la trípode social propuesta por Lévi-Strauss y la valencia diferencial de los sexos enunciada por Héritier. Sin embargo, las parejas del mismo sexo únicamente no cumplen con el principio de “unión reconocida ante la sociedad”: no niegan el incesto, ni el reparto sexual de las tareas ni la diferencia sexual. Esta diferencia sexual se relaciona con lo simbólico, no con los genitales de las personas.
Lévi-Strauss, así, explicó que hay más un más allá del matrimonio heterosexual, que estructuralmente otras formas de unión son posibles. Pero hasta ahora, las y los legisladores en el Distrito Federal han ignorado esta clase de argumentos. ¿Hasta cuándo?
[1] David razú encabeza la propuesta con el respaldo de 52 organizaciones civiles y algunos legisladores.
[2] En países como Holanda y España, por ejemplo, el matrimonio y la adopción por homosexuales es un derecho ya garantizado.
[3] Guillermo Núeñez Noriega. Masculinidad e intimidad: identidad, sexualidad y sida.
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